Coal MiningHard Rock MiningPetrochemicalTunnelling

Terry’s el relato

El relato sobre el incendio de un camión en una mina de cobre subterránea en Nuevo Gales del Sur, Australia, se realiza con la autorización de Terry.  

Mientras la mayoría de ustedes va en el ascensor tratando de evitar el contacto visual antes de que los active el café de la mañana, para mí, bajar cientos de metros en las profundidades de la tierra forma parte de una mañana de trabajo normal como minero. Ese día comenzó como cualquier otro, algunos chistes irrepetibles en la sala de reuniones mientras todos escuchábamos al supervisor del turno, para después pasar a colocarnos todos nuestros EPP y por último activar nuestra etiqueta de seguimiento. Era como cualquier otro día en la “oficina”.

instagram-shared-image-post-terrys-story

Es innegable que trabajar bajo tierra es una tarea exigente, con largas jornadas y condiciones difíciles. No todos son aptos para este trabajo. Afortunadamente, yo trabajaba con una gran cuadrilla: todos trabajadores dedicados y siempre dispuestos de buen humor.


El día continuaría igual que cualquier otro. Así fue hasta que advertí un cambio en el supervisor de turno y me acerqué para ver qué pasaba.

Nunca voy a olvidar lo que me dijo: “Terry, me notificaron de un posible incendio de un camión camino arriba de la rampa, ¿Puedes ir a ver qué está pasando?”. Seguí sus órdenes y comencé a caminar ascendiendo por la rampa, alejándome de mi equipo. Hasta ese momento, no se sabía cómo había ocurrido el incendio del camión ni tampoco su gravedad.

De un momento para otro, apareció el humo delante de mí, y en menos de un segundo empezó a envolver todo lo que había a mi alrededor; se sentía casi sofocante. Inmediatamente después giré sobre mis talones y avancé hacia la cámara de refugio más cercana.

Podía ver el destello de la luz estroboscópica verde de la cámara delante dándome la bienvenida. Entré a la cámara y en el momento de cerrar la puerta detrás de mí, me sentí inundado por el alivio. La cámara estaba construida para alojar a veinte, pero éramos solo seis en el interior; seguros pero ansiosos esperando saber más.

Pudimos hablar con la sala de control en la superficie, confirmar quiénes seguros, saber un poco más de lo que está pasando, pero luego de menos de media hora de estar ahí dentro lo único que recibimos fue silencio. Habíamos perdido las comunicaciones. El incendio era peor de lo que pensábamos.

Como minero, estás entrenado en la operación de una cámara de refugio justo para este tipo de situaciones. Aprendes para qué sirve el sistema depurador, las distintas fuentes de aire respirable, el monitoreo de gases y la importancia del control de la temperatura. Aun así, es difícil saber cómo reaccionará uno en una emergencia.

Podía sentir como la aislación nos invadía; el miedo entró en escena. Sin comunicaciones, ¿cuándo sabremos que alguien está viniendo? ¿Cómo sabremos cuándo podemos salir? El silencio radial era ensordecedor, pero comunicarnos no sería la última de nuestras preocupaciones.

Teníamos el sistema de depuración encendido y estábamos monitoreando nuestros niveles de gases. Al no contar con comunicaciones con la superficie, sabíamos que teníamos que ahorrar nuestros recursos. Afortunadamente para nosotros, teníamos reservas suficientes para salvaguardar a una dotación de 20 personas durante 36 horas, y siendo que éramos solo seis, sabíamos que podíamos sobrevivir durante más tiempo, aunque ninguno quisiera estar atrapado bajo tierra todo ese tiempo.

Los minutos se estiraban como horas.

Comencé a contar chistes como una forma simple de distracción para levantar el ánimo. En la cámara había un par de compañeros más jóvenes, por eso intenté mostrarme fuerte, sin dejar ver todo lo que se cruzaba por mi mente -¿qué estaba pasando en la superficie? ¿Por qué permanecíamos aquí durante tanto tiempo? Para ser honestos, tenía miedo; no dejaba de pensar en mi familia. Mi esposa. Y mis hijos.

Ya habían pasado casi ocho horas, pero se sentía que eran muchas más. Todavía no había contacto.

“Hola. ¿Están todos bien? ¿Hay algún herido?”. Ningún otro sonido podía ser más agradable que esa voz.

La brigada de respuesta ante emergencias espió por la ventana portal. Siguiendo el procedimiento, evaluaron la situación antes de considerar que era seguro entrar; sentimos que tardaron un siglo, pero fueron solo unos minutos. Finalmente, abrieron la cámara y extrajeron al equipo. Todavía puedo ver la sensación de alivio en la cara de todos.

Choqué los cinco con todos los de la brigada ERE. Nos íbamos a casa a salvo.

Es difícil reflejar lo que sucedió, no es algo de lo que hablemos abiertamente, sino que es una experiencia compartida desde ese momento nos unió a mí y a mis cinco compañeros. Esto me cambió. Valoro a mi familia mucho más y valoro las cosas materiales mucho menos.

Si yo pudiera transmitir algo sobre las cámaras de refugio, sería: familiarícense, no lo den por sentado; porque es algo que puede pasar de un segundo a otro.

Todavía trabajo en minería y con la misma compañía. Agradezco que la compañía valore tanto la seguridad y la protección de los trabajadores; es por eso que tienen cámaras de refugio instaladas y las mantienen en estado. Sin ellas, probablemente yo no estaría aquí hoy.

Descubre más historias o comparte las tuyas, aquí.